Comunidades solares

Autoconsumo

¿Es autoconsumo o autoproducción?

Depende de cómo lo mires, lo puedes llamar de una forma o de otra: se trata de consumir la electricidad que tú mismo produces, o producir la energía que vas a consumir. Desde tu casa. Solo con la ayuda del sol.

Es un cambio radical en la forma de abastecernos de electricidad, de complementar el suministro energético que proviene de la red eléctrica con el que podemos producir desde nuestras propias casas.

El autoconsumo posibilita que las personas dejemos de ser meros clientes para ser también productores eléctricos y dueños de nuestra energía. Es una grandísima oportunidad para transitar hacia un modelo de generación y consumo distribuido, local, renovable y en manos de las personas. ¿Por qué? Te lo explicamos con más detalle en este artículo.

Una instalación fotovoltaica es muy sencilla. En realidad tiene unas pocas piezas:

autoconsumo o autoproducción
  • El sol: es el elemento principal de tu instalación y el que va a proveer de energía a tu casa, ¡gratuita y 100% renovable!
  • Placas fotovoltaicas: son las encargadas de convertir la energía solar en eléctrica gracias al movimiento de electrones que provoca el ‘efecto fotoeléctrico’.
  • Inversor-regulador: convierte la corriente continua que producen las placas en alterna, la que utilizan tus electrodomésticos. Además, adecúa el comportamiento para obtener la producción óptima de los paneles y adecúa la corriente para verterla con seguridad a la red eléctrica.
  • Cuadro de protección: es el elemento de seguridad que protege a tu instalación de un posible cortocircuito exterior y también protege a la red eléctrica de posibles contratiempos en tu instalación.

Si tienes una cubierta disponible (tuya, de tu bloque de edificios, de un vecino…) y puedes permitirte una pequeña inversión, el autoconsumo te permite tener tu propia instalación fotovoltaica y amortizarla en pocos años mientras ahorras en la factura de la luz. Cuando no luce el sol, o cuando se consume más de lo que se produce, seguirás utilizando la red eléctrica. Cuando los paneles solares están produciendo más de lo que se consume, el excedente se puede almacenar en baterías o verter a red y compensarlo económicamente.

Modalidades

Hay tantas maneras de autoconsumir electricidad como necesidades de las personas. No vamos a explicarlas todas, solo las más frecuentes, pero si no te encuentras en este listado ¡escríbenos para analizar tu caso!

Instalaciones aisladas de red
Instalaciones aisladas de red

Adecuadas cuando tu vivienda o tu negocio no tiene conexión a red. Este modelo de instalación se adopta cuando no existe la posibilidad de conectarse de manera sencilla a la red eléctrica y supone depender exclusivamente de recursos energéticos propios. Por eso, lo normal es contar con baterías que almacenen la electricidad cuando no hay sol o viento, lo que encarece notablemente la instalación y la hace dependiente de recursos minerales escasos.

Instalaciones individuales con conexión a red
Instalaciones individuales con conexión a red

Son las más habituales. Se instalan normalmente sobre la cubierta de un hogar, nave, edificio o infraestructura donde ya existe suministro eléctrico, que sigue aportando electricidad de soporte, con el objetivo de reducir el consumo de la red y también la factura de la luz. En esta modalidad hay un solo productor y un solo consumidor, que pueden ser la misma persona o no.

La electricidad que producen los paneles solares y que no se consume en un instante determinado se puede almacenar en baterías o se puede verter a la red, compensando la energía que se genera con la que se consume. Esto supone un gran ahorro, que puede permitir que los hogares con estas instalaciones tengan hasta un 85% de autosuficiencia energética.

En este modelo de instalaciones, la conexión puede situarse dentro del circuito de tu hogar o negocio propio, de forma que la energía va directamente a los puntos de consumo propios.

Instalaciones colectivas de autoconsumo compartido
Instalaciones colectivas de autoconsumo compartido

Se trata de instalaciones propiedad de varias personas, que comparten la electricidad que produce. Este modelo de autoconsumo tiene unas cuantas particularidades (por ejemplo, que la instalación productora tiene que estar a menos de 500 metros o enchufadas al mismo centro de distribución que todos los consumidores), pero permite modelos energéticos muy interesantes. Por ejemplo:

  • Una comunidad de vecinos que en su azotea instalan unas placas para abastecer a los servicios comunes, pero también a los vecinos que quieran invertir para ahorrar en su factura de la luz.
  • Un grupo de vecinos de un barrio que se juntan para poner una instalación en uno de sus tejados y aprovecharla entre todos.
  • Un ayuntamiento que instala en la cubierta de alguno de sus edificios una instalación y destina la producción a abastecer a varias familias en riesgo de exclusión.
  • Un ayuntamiento que instala en el pueblo unos paneles solares para cubrir parte de su consumo y facilita a los vecinos interesados la posibilidad de aprovechar parte de la energía producida.
  • El titular de un taller artesano o una pequeña industria rural que quiere ahorrar en su factura eléctrica y compartir la inversión, y los ahorros, con sus vecinos.
  • Una nave agrícola, o un grupo de ellas, cercanas a un núcleo de población que ceden su tejado para autoconsumir tanto ellas como sus vecinas.

 

Los copropietarios de la instalación tienen que acordar el porcentaje de reparto de electricidad entre ellos. Lo más habitual es que la instalación tenga su propio contador. El reparto de electricidad producida se hace hora a hora, y se compara con el consumo hora a hora de cada consumidor para hacer el balance en la factura mensual.

Compensación del excedente

Los kilovatios que produce una instalación de autoconsumo y no son consumidos se dirigen a la red si la instalación no cuenta con un sistema antivertido. Aquí te explicamos cómo se hace.

No hay un almacén para tus kilovatios:

En una instalación sin baterías la electricidad no se puede almacenar, así que tus kilovatios sobrantes se vierten a la red y los utiliza cualquier consumidor eléctrico cercano. Pero no los regalas: si te acoges al formato de compensación simplificada, el sistema eléctrico te los remunera.

Un contador para todo:

Tu contador digital, ese que te alquila la distribuidora cada mes y con el que conocemos la electricidad que consumes, también va a contar la electricidad que viertes. Los kilovatios que consumes directamente, como no pasan por el contador sino que van directamente a tus electrodomésticos, no se contabilizan: ¡eso son los que te ahorras!

Las cuentas claras:

Todos los meses, la distribuidora lee tu contador y le comunica a tu comercializadora los kilovatios que han entrado en tu casa y también los que han salido de tu tejado a la red. Estos kilovatios vertidos a la red se te descontarán de la factura de la luz al precio de 0,056 €/kWh.

Es cuestión de céntimos:

El sistema de compensación es económica, no energética, por eso en la factura se resta dinero, no kilovatios. Pero tu factura eléctrica nunca te va a salir “a devolver”: aunque viertas el montón de kilovatios de tu instalación, como mínimo el término de energía de tu factura va a ser cero. No podrás ganar dinero pero sí reducir gasto.

Kilovatios mes a mes:

La compensación es mensual, de forma que los kilovatios producidos y no consumidos los podrás compensar con los kilovatios tomados de la red pero solo durante el mismo mes. Por eso, es muy importante dimensionar bien tu instalación, para no verter energía que no vas a poder compensar.

Sin peajes ni impuestos:

La electricidad de instalaciones de autoconsumo está exenta de pagar peajes de conexión a la red. Aunque la uses para verter tus kilovatios sobrantes, el sistema asume que ya pagas el uso de las redes por los kilovatios entrantes. Tampoco tributarás por la electricidad que produzcas (porque no genera actividad económica), ni pagarás el impuesto a la electricidad porque es energía que queda al margen del mercado eléctrico.

Por qué instalar autoconsumo

Hoy la producción eléctrica está en manos de las grandes compañías que pueden permitirse construir o adquirir una central nuclear, una presa hidroeléctrica o un parque eólico. El autoconsumo fotovoltaico es la gran oportunidad para avanzar hacia un modelo energético en que los consumidores y consumidoras seamos también productores de nuestra propia energía, democratizando el sistema eléctrico y permitiendo reapropiarnos de un sector estratégico esencial.

El autoconsumo de energía solar reduce el consumo de combustibles fósiles y nucleares, contribuye a la reducción de emisiones en comparación con las fuentes de energía convencionales y aumenta la independencia energética con respecto al exterior, todo lo cual lo convierte en un aliado clave para la lucha contra el cambio climático y la mejora de la calidad del aire.

Además, las pequeñas instalaciones distribuidas promueven la actividad económica e industrial y fomentan la creación y preservación de empleo local y las sinergias entre los agentes implicados: desde nuestra cooperativa hasta fabricantes, instaladores y mantenedores locales.

El autoconsumo fotovoltaico permite consumir electricidad en el mismo lugar donde se genera, disminuyendo las enormes pérdidas que existen en el sistema de transporte y distribución a largas distancias. Además, mejora la seguridad del sistema, reduce saturaciones en la red y aplana la curva de demanda.

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